A  S  T  R  O  B  I  O  G  R  A  F  I  A  S 


 

Nicolás Copérnico 

Nikola Koppernigk

(1473 - 1543)

La concepción sobre el mundo que engendró una revolución astronómica, social y política.

 

 

Por Rafael A. Fuentes Dávila

Asociación Larense de Astronomía, ALDA.

 

 

        Hacen quinientos quince años nació este inmortal polaco-prusiano en las orillas del río Vístula, mirando hacia el Mar Báltico, en la ciudad de Thor (hoy Torun), región de la Pomerania. El gran genio nació el 19 de Febrero de 1473 a las 16 horas 40 minutos; de origen burgués, hijo menor del cracoviano Nicolás Copérnico (acaudalado magistrado y comerciante de Torun) y de Bárbara Watsenrode, también de noble estirpe, hermana del príncipe -obispo de Warmia, Lucas Watzenrode (o Watzeirode) quién ejercía gran influencia sobre su sobrino, fue su tutor espiritual tanto que lo educó como un hijo; pues, los padres de Copérnico murieron cuando aún el futuro gran astrónomo era muy niño.

 

        Nace Copérnico cuando todavía no se había descubierto América, cuando ya habían fuertes indicios de un cambio en las rancias estructuras sociales y científicas de la Edad Media; un niño, que como los que lo han antecedido, presidirá también, por culpa de Claudio Tolomeo, el gran espectáculo astral en el que la Tierra es el centro del Universo y a su alrededor giran los planetas, mientras el Sol y las estrellas están fijos en sus esferas. Copérnico tendrá que hacerse un buen matemático para poder entender, como lo hicieron otros, el intrincado sistema de los epiciclos, de los círculos excéntricos, de los ecuantos y las especulaciones relativas a las perturbaciones encontradas en los movimientos de los astros.

 

        El erudito matemático recibió clases de astronomía de los mejores astrónomos de Italia, recibe las Ordenes Menores de Canónigo, lo cual le da derecho a una canonjía para su permanencia en Padua y Bolonia, donde se gradúa  de médico y de abogado (Derecho Canónico).

 

        Dominaba el latín y el griego y era gran economista, escribió un tratado al respecto, de allí que su tío, el obispo Watsenrode, le asignara el cargo de administrador de los  bienes de su principado eclesiástico de Ermland.

 

        Después de diez años de permanencia entre Padua, Bolonia y Roma, Copérnico regresa  a su patria y se establece como secretario de su tío hasta la muerte de éste, en 1512.

 

        Casi dos mil años tienen imperando las teorías tolemaicas, generaciones enteras de individuos estudiosos las dan por reales e imperecederas, entre esos dignatarios de la  ciencia se encuentran Aristóteles de Estagira y puesto que sus conocimientos son compartidos por la Iglesia Católica de esos tiempos, el Santo Oficio proclamó que toda idea contraria al modelo del mundo aceptado, sería una herejía castigable con la muerte y en casos menores con la cárcel o tortura.

 

        Este es el más grande de los problemas que va a enfrentar nuestro sabio polaco: tuvo más de treinta años elaborando una teoría en la cual el Sol es el centro del mundo y a  su alrededor giran los planetas en órbitas concéntricas y con movimiento de rotación sobre su propio eje. Tiene temor de publicar sus ideas, aunque en el fondo es una variación del modelo tolemaico; sin embargo, el solo hecho de situar el Sol en el centro y darle categoría de planeta a la Tierra , es a la postre una gran revolución científica que dará explicación a  una serie de interrogantes no satisfechas por teoría alguna.

 

        Copérnico, el erudito matemático y filosofo, estaba cierto de las grandes conjeturas y puesto que era un hombre excepcionalmente introvertido y extraordinariamente tímido, con solo dos amigos y viviendo sin compañía en una torre del castillo de Frombork, desde la cual divisaba el mundo, esperó hasta el último momento de su vida para publicar De Revolutionibus Orbium Celestium (De las Revoluciones de las Órbitas Celestes). Cuéntase que Copérnico sufrió un derrame cerebral que lo tuvo inválido en su cama por mucho tiempo y el mismo día de su muerte hojeaba el primer ejemplar impreso de su obra; para marcar las páginas que leía utilizaba una hoja en la cual, con letra tambaleante, habría escrito: "la verdad de la vida, la torpeza de los sentidos, la indiferencia entumecedora y las ocupaciones inútiles, nos permiten aprender muy poco y luego viene el rápido olvido, defraudador del conocimiento y enemigo de la  memoria que  arranca del espíritu,  andando el tiempo, hasta lo que sabíamos".

 

        Su obra fue publicada a ruego de sus dos únicos amigos: el gran matemático Jorge  Joaquín Rético quien a los 20 años de edad era profesor universitario y el obispo de  Kulm, Tiedemann Giese, a quién inspiró gran confianza.

 

        A pesar de que Copérnico asegura que lo aprendido por él sobre la estructura del Universo se lo debe a las lecturas de las obras de los antiguos sabios y en particular a Trimegisto; sus escritos constituyen pensamientos con ideas precursoras, a lo que más tarde por mano de otros sabios se yerguen como las leyes físicas universales. Ejemplo de ello tenemos en su Hipothe Sibus Motium Coelestium A Se Constitutis Comentariolus (Pequeño comentario sobre la hipótesis de los movimientos siderales) - primer  esbozo sobre su teoría heliocéntrica – cuando manifiesta que: "cualquier movimiento observado en el firmamento no procede del mismo firmamento, sino del movimiento de la Tierra ".

 

        “La Tierra , por tanto, con sus elementos inmediatos, realiza durante 24 horas una revolución alrededor de sus inmutables polos, mientras el firmamento junto con el más alto circulo, permanece inmóvil". "Añadiré también que parecería bastante absurdo atribuir movimiento más bien a lo que abarca y concede sitio y no a lo que está circundando y situado; características precisamente de la Tierra ".

 

        "No existe un centro común para todos los círculos o esferas celestes; el centro de la Tierra no es el centro del mundo, sino el centro de gravedad y centro de órbita de la Luna; todos los planetas circulan alrededor del Sol que constituye el centro del Universo; la relación de las distancias del Sol a la Tierra y de la distancia del firmamento es menor que la del radio de la Tierra a la distancia del Sol y llega a ínfima en las profundidades del cielo; el Sol es inmóvil y todo lo que nos parece movimiento  solar procede solo del movimiento de la Tierra y de nuestra esfera con la que giramos  alrededor del  Sol; el aparente movimiento de retroceso y el movimiento directo de los  planetas proceden del movimiento de la Tierra ".

 

        Pese a ciertos errores manifestados por el comentario anterior, el sabio Copérnico abre el camino para que sus sucesores intelectuales elaboren finalmente las teorías y leyes definitivas que van a perfilar la real estructuración del mundo solar y las relaciones de éste con el resto del Universo. Notamos también en las anteriores palabras de Copérnico  su apego al modelo presentado por el  no menos valioso Ptolomeo, quien presenta a la Tierra inmutable como el centro del mundo; en dicha inmutabilidad y situación radica la diferencia entre ambos autores. Pero el gran Copérnico en el Libro I de su célebre obra  De las Revoluciones de las Órbitas Celestes (constituidas por seis libros y publicadas en 1543) afirma:

 

        "Los cuerpos que se elevan hacia arriba o caen hacia abajo, incluso sin tener en cuenta el movimiento circular, no ejecutan un movimiento simple, uniforme y regular. Pues por su misma ligereza o por el ímpetu de su peso no puede estabi1izarce. Así, todo lo que cae, al principio tiene un movimiento lento, pero a medida que continua cayendo aumenta su velocidad". 

 

        Cincuenta años más tarde, Galileo Galilei expresa tales ideas como el primer principio de la aceleración y formula la ley respectiva. Así mismo, encontramos que el canónigo de Thorn, llamado también el “Solitario de la torre de Frombork” donde vivió sus  últimos treinta años y donde escribió su célebre obra, manifiesta en uno de sus  comentarios, sin especulaciones matemáticas ni filosóficas, que en el espacio, los cuerpos se atraen y que tal atracción no desaparece por grande que sea la distancia que los separe. Mas de siglo y medio después, el sabio inglés Isaac Newton se hizo inmortal al descubrir las leyes de la gravitación cuyos principios básicos estaban asomados en las consideraciones de Nicolás Copérnico.

 

        El cálculo integral no existía en la época del personaje que nos ocupa, fue concebido por el mismo Newton, sin lo cual no hubiera sido posible tan excepcional descubrimiento. A cambio de eso, el médico, cartógrafo, economista, político, poeta, estratega militar, abogado, matemático y astrónomo, comentó los movimientos de la Tierra y los cambios de estaciones que determinan tales movimientos. Calculó la latitud geográfica de la ciudad de Frombork y construyó la teoría del movimiento aparente del Sol. Estimó que las órbitas de los planetas no eran círculos perfectos como creían los antiguos sabios, si no curvas ovales muy parecidas a la circunferencia. Johannes Kepler demostraría que esta otra consideración de Copérnico determinó la precesión y duración del año estelar. Elaboró las más aceptables tablas astronómicas para aquel entonces y las mismas tuvieron la mayor acogida en el mundo científico de Alemania y Prusia, dada la exactitud de las fechas, horas y duración de las efemérides y la exactitud de la duración del año.

 

        Mientras más ahondamos en informaciones sobre la obra fecunda del canónigo de Warnia, más se agiganta su colosal figura y lo viésemos como al lado del trono del Sol  observando la complejidad astral en raudos movimientos como entretejiendo redes energéticas en la infinitud cósmica. Así era su obra tan grande, complicada, diversa,  que no puede ser narrada en un articulo de prensa, sino en uno o varios libros. Por eso  hemos escogido los más relevantes hechos para el respectivo comentario.

 

        Copérnico murió a los 70 años,  muy poco tiempo para tanta obra diversa y hasta  tuvo recelo para publicar su De Revolutionibus; él sabía que era una auténtica revolución y solo fue conocida 70 años después de su muerte; la misma fue catalogada como producto de herejía ya que estaba opuesta a los principios místicos de la escolástica clerical; en consecuencia, toda obra inspirada en la experimentación ó en la lógica estaba en contra de la autoridad divina y por eso su obra fue pasada en la lista de obras prohibidas, publicada por el Santo Oficio. Fernando Paz Castillo dijo de Copérnico lo siguiente: "complicada criatura en su simpleza, terriblemente  bella,  terriblemente grande,  terriblemente sola".

 

        La obra Sobre las Revoluciones de las Esferas Celestes la dedicó Copérnico al Pontífice Pablo III quien era el Papa en esos días; sus palabras fueron las siguientes: "Santísimo padre; bien puedo suponer que ciertas personas, enteradas de que este mi libro Sobre las revoluciones de las esferas celestes, atribuyo a la Tierra ciertos movimientos, proclamarán que yo, sustentando tales opiniones, debiera ser escarnecido por mis disparates... Por eso estuve dudando por largo tiempo sobre si publicaría estas reflexiones escritas para demostrar el movimiento de la Tierra , o sobre si sería mejor,  seguir el ejemplo de los pitagóricos y otros, quienes eran partidarios de enseñar sus  misterios filosóficos solo a los íntimos y a los amigos, y de no hacerlo por escrito, sino  de palabra como lo atestigua la carta de Lisis a Hiparco. Al considerar esta cuestión y el temor al escarnio que mi nueva y (aparente) absurda opinión podría acarrearme, por poco me determina a abandonar el proyecto”.

 

Bibliografía.

Ignacio Burk, Copérnico, 1473-1973. UCV.

Jan Adamczewsk, Nicolás Copérnico y su época. Edición Interpress. Varsovia. 1972.

Universo. Enciclopedia SARPE de la Astronomía. Volumen 5. 1982.