A  S  T  R  O  B  I  O  G  R  A  F  I  A  S 


 

Demócrito de Abdea
(470 - 400 aC)

por Rafael A. Fuentes Dávila

Asociación Larense de Astronomía, ALDA.

        Allá en la antigua Tracia Occidental, casi en dirección de la isla de Tasos, al norte de Grecia, a orillas del Mar Egeo, allá en la ciudad de Abdea, nació Demócrito, el discípulo de Leucipo, hacen 2.481 años; es decir, en el año 470 A.C.

 

        Era un filósofo que, junto con Empédocles de Agrigento, Leucipo y Epicuro (pertenecientes al florecimiento de la cultura Jonia), se convirtió en iniciador de lo que hoy conocemos como teoría atómica. También Demócrito fue quien aseveró que “un cuerpo que se mueve continuaba su movimiento hasta que algo interviniera para alterarlo”. Este concepto fue el que dio origen a lo enseñado por Isaac Newton, como lo es la Inercia, primera Ley de su Mecánica Celeste (Primera Ley del Movimiento) y que según el principio de Equivalencia de Einstein, la inercia es semejante a la Gravitación Universal; de allí que la masa gravitatoria corresponda a la masa inercial.

 

        Lo grandioso de Demócrito, y en general de todos aquellos sabios de la Antigüedad, es que su conocimiento y sus especulaciones son producto de la intuición, de la lógica, dada su natural sensibilidad para inducir razonamientos que les facilitarán formular principios, leyes, teoremas, hipótesis o conceptos generales que son propios de las inferencias o conclusiones basadas en la experimentación científica o metódica. Desgraciadamente, muchas de aquellas antiguas deducciones adolecían de errores o estaban inconclusas, precisamente porque la experimentación racional sólo aparece en estos últimos siglos para poder demostrar la verdad universal, omnímoda e inequívoca. Con todo, los conocimientos que nos legaron los antiguos han servido para el progreso de la ciencia, algunos frenados por las especulaciones dogmáticas que constriñeron el ideal científico y otros que no pudieron culminar su grandiosidad por las restricciones que imponían los escuálidos medios que imperaban en esas épocas remotas.

 

        Sin embargo, Demócrito vio en su pensamiento casi la verdad absoluta: imaginó que la materia estaba formada por átomos y vacío, y fuera de éstos no podría existir cuerpo alguno: Dijo que los átomos eran partículas infinitamente pequeñas, indivisibles, eran la última manifestación de la materia y estaban separados por vacío.

 

        La idea primigenia era de su maestro Leucipo, pero Demócrito desarrolló tal concepto que la popularizó y hasta llegó a concebir el átomo (palabra griega que quiere decir indivisible) como invisibles corpúsculos diminutos que tenían como ganchos para unirse unos con otros, lo que hoy conocemos como fuerzas interatómicas. Afirmaba Demócrito: Nada existe aparte de los átomos y el vacío, cuando cortamos una manzana, el cuchillo ha de pasar a través de espacios vacíos entre los átomos. Si no hubiesen estos espacios vacíos, el cuchillo topará con los átomos impenetrables y no podríamos cortar la manzana”. Por supuesto que tal opinión es incorrecta pero sirvió de base para el alcance de ciertas verdades científicas. En resumen, la filosofía de Demócrito estaba sintetizada’ en: “1º La materia es discreta. 2º Todas las sustancias están formadas por átomos que están separados unos de otros por un espacio vacío. 3º Los átomos están en constante movimiento; y 4º El movimiento es una propiedad inherente a los átomos, éstos son eternos, indestructibles...”

 

        Por otra parte, Demócrito fue genial cuando imaginó que el volumen de un cono o de una pirámide podía lograrse calculando separadamente el volumen de las distintas láminas delgadas superpuestas en las cuales se habían subdividido los citados sólidos geométricos. Esta formulación corresponde en la Matemática actual a la Teoría de los Límites, lo cual constituye el paso previo para entrar en el Cálculo Infinitesimal (Integrales y Diferenciales), esto último descubierto al unísono y separadamente por los célebres científicos Isaac Newton (alquimista, matemático y físico) y Gottfried Wilhelm Leibniz (filósofo y matemático alemán). Según el eminente astrónomo norteamericano Carl Sagan, si las obras de Demócrito no hubieran sido totalmente destruidas, cabe la posibilidad de que el Cálculo Diferencial hubiera sido conocido en la época de Cristo.

 

        El dogmatismo y la irracionalidad del eufórico fanatismo conjuraron contra Demócrito y lo presentaron como un peligro para la sociedad, ya que consideraba que todo estaba constituido sólo por átomos y vacío, que no existía Dios, que todo se había formado espontáneamente a partir de la materia difusa y que en el espacio había un gran número de mundos que evolucionaban y después caerían. Consideró que algunos mundos estaban habitados y que la vida se originó en una especie de caldo primordial.

 

        Agregó Demócrito: “La percepción - la razón por la cual pienso, por ejemplo, que tengo una pluma en la mano - es un proceso puramente físico y mecanicista; que el pensamiento y la sensación son atributos de la materia reunida en un modo suficientemente fino y complejo, y no de ningún espíritu infundido por los dioses de la materia”. Al negar a Dios y presentar a la materia como autocreada, e integrada por átomos (que hubiera sido lo de menos), se convirtió en el primer ateo y en el primer materialista (atomista) de trascendencia en el mundo social, cultural y científico; de manera tal, que su contemporáneo, el dialéctico Platón, censuró fuertemente a Demócrito, tanto más cuando éste opinó que “la humanidad, la bondad y la belleza son manifestaciones mecánicas de los átomos materiales”; por tal motivo, Platón expresó el deseo de que todos los libros de Demócrito fueran quemados. Parece que la voluntad del sabio rival se cumplió en alguna forma porque de los setenta y tres libros que escribió el atomista de Abdea, solo se conocen algunos fragmentos sobre ética y otras Informaciones que han dado otros autores a través de los siglos. Demócrito murió en el año 400 A.C., cuando tenía 70 años de edad.

 

        Lo dicho sobre el átomo no quedó allí. Con el nacimiento de la Química moderna, los conceptos antes emitidos por los antiguos recobraron nueva importancia a principios del año 1800; es decir, 1840 años después de Demócrito, cuando un humilde maestro de escuela, convertido en eminente químico, físico y naturalista (descubridor del daltonismo, estudió las propiedades de los vapores y la dilatación de los gases): me refiero al sabio inglés John Dalton, quien formuló una nueva Teoría Atómica, constituida por cinco postulados: 1) Los átomos son partículas reales discretas de materia, que no pueden ser subdivididos por ningún procedimiento químico conocido; 2) Los átomos del mismo elemento son similares entre sí e iguales en peso; 3) Los átomos de diferentes elementos tienen propiedades diferentes peso, afinidad. 4) Los compuestos están formados por la unión de átomos de diferentes elementos en proporciones numéricas simples - 1:1; 1:2; 2:1; 2:3. ; 5) Los pesos de combinación de los elementos representan los pesos de combinación de los átomos.

 

        De lo leído en los postulados de la Teoría de Dalton inferimos que aún están presentes Demócrito, Leucipo, Empédocles, Epicuro y Lucrecio. Sigue presente el átomo “discreto de materia” e indivisible “por ningún procedimiento químico conocido”. Lo que quiere decir que los antiguos filósofos (no los llamemos ni físicos ni químicos, por cuanto la concepción que tenían de las cosas eran formulaciones relativas a la forma de ser la Naturaleza, que influenciaba la conducta de la vida del hombre, llegando a conclusiones metafísicas y consideraciones abstractas en torno al ser, a la vida y a la muerte) no estaban tan perdidos en la búsqueda de la verdad pese al sentido que ellos impusieron a sus observaciones.

 

        Después de todo, y llegando a épocas más cercanas, encontramos que el átomo sí es divisible, (formados fundamentalmente por protones, electrones y neutrones). Los ensayos actuales han demostrado la existencia de muchas partículas subatómicas que presentan distintas conductas y hasta de efímera existencia, sobre todo cuando ocurre una desintegración atómica que da origen a partículas que pueden cambiar de polaridad varias miles de veces por segundo. Sin embargo, los hombres de ciencia no están seguros de que los corpúsculos logrados por los muy avanzados métodos actuales, sean precisamente la representación última de la materia, su estado más elemental; en consecuencia, cabe la posibilidad de que a lo mejor existan partículas más pequeñas por descubrir; el científico tampoco ha descubierto cuándo ni cómo empezó el mundo y dónde termina el espacio.

 

        Después de John Dalton, la fama tocó a J. J. Thomson, al opinar sobre la estructura del átomo, y aunque su modelo ideado fue realmente un fracaso, por lo menos demostró que la masa del electrón es 1/1840 de la masa del átomo de hidrógeno; luego, otro físico inglés, Ernest Rutherford, aunque no fueron muy fructíferas sus ideas sobre la estructura atómica, por lo menos infirió que la mayor masa del átomo se concentraba en el núcleo, a cuyo alrededor giraban los electrones a grandes velocidades, a semejanza de un sistema solar y que los átomos podían ser atravesados por partículas “alfa”, las cuales cruzaban los espacios vacíos referidos por Demócrito. Posteriormente, Niels Bohr propuso un modelo atómico mejorado, tuvo mayor aceptación; en el mismo agregó a los anteriores los “estados estacionarios” de los electrones; tales estados se llaman también “niveles energéticos”, que determinan la naturaleza del átomo: cada electrón ocupa una órbita que le corresponde según las características del átomo.

 

        En esa forma, muchos científicos formularon sus conceptos en aras de una comprensión mejor de la estructura material; por lo tanto, se ha hablado de la Teoría Cuántica o Mecánica cuántica, la Mecánica Ondulatoria o Energía de Resonancia, espectros atómicos, Números Cuánticos Azimutales; se determinó el peso de los átomos de todas las sustancias naturales conocidas y de las partículas subatómicas; se establecieron las Leyes que rigen los cambios físicos y químicos; sin el desarrollo de la matemática no hubiera sido posible el progreso de las demás ciencias.

 

        Todo empezó con Demócrito, que aún lo recordamos, porque él y sus asociados iniciaron sus inquietudes sobre algo invisible por lo infinitamente pequeño y que hoy constituye La fuente universal más poderosa e inagotable de energía que jamás alguien pudiera haber imaginado: El átomo.

 

Obras consultadas:

Sir James Jeans, Historia de la Física (1953).

Sear Semanskyi Física General. Ed. Aguilar.

Salvat, Ciencia y Tecnología (1984).

Mellors Modern lnorganie Che­mistry (1944).

Carl Sagan, Cosmos. Ed. Planeta (1982).

G.J. Whitrow, La Estructura del Universo.