La anarquía llega a las constelaciones      

 

    Durante los siglos XVII y XVIII se produce lo que podríamos denominar el “asalto” del cielo por parte de aduladores y eclesiásticos. Astrónomos, algunos de renombre, comenzaron a colocar a reyes y reinas con la finalidad de obtener beneficios económicos para sus estudios y observaciones, o sencillamente, por pensamientos vasallos. Bajo esta óptica mezquina, comienzan a renombrar estrellas o a confeccionar constelaciones en sustitución de las antiguas. John Flamsteed bautizó a la estrellas principal de la constelación de Perros de Caza como el "Corazón de Carlos II", nombre que fue aceptado en época moderna y permanece en la actualidad (Cor Caroli). Johann Bode colocó en el cielo las "Regalías de Federico II". Para hacer espacio para estas regalías del rey prusiano, apartó el brazo de Andrómeda, que tenía más de 3.000 años extendido. Es de especial renombre, la proposición de unos astrónomos alemanes, aduladores de Napoleón, que propusieron cambiarle el nombre a la constelación de Orión, por el del recientemente nombrado emperador. Es importante recalcar que los mismos astrónomos franceses se opusieron al planteamiento.

 

    Otra circunstancia digna de reseña fue la intención de la iglesia católica de cambiar los nombres de estrellas y constelaciones por considerarlos paganos. En este sentido se proponían cambiar el nombre del Sol por el de Jesucristo. La Luna sería la virgen María. Entre las constelaciones, consideraban llamar a la constelación de Aries (el Carnero) como el apóstol Pedro, mientras que la de los Peces, sería el apóstol Mateo.

 

    La propuesta de la iglesia católica fue tan absurda que no repararon en la circunstancia de que algunos eventos astronómicos prácticamente se convertirían en blasfemias, pues al mencionar un "eclipse de Sol" tendrían que mencionar que "la virgen María eclipsaba a Jesucristo".

 

    Afortunadamente tal situación no fue del agrado de la gran mayoría de astrónomos y cartógrafos, y la misma fue dejada de lado y queda en la historia como un vano intento de modificar las tradiciones culturales que nos vienen de la antigüedad.