El
ojo humano
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El ojo humano es un órgano
fotorreceptor, cuya función, ya implícita, consiste en recibir
los rayos luminosos procedentes de los objetos presentes en el mundo
exterior y transformarlos en impulsos eléctricos que son conducidos al
centro nervioso de la visión en el cerebro.
El ojo necesita de cierto período de adaptación
para pasar de una intensidad luminosa correspondiente a la luz del día,
a intensidades de luz menores y viceversa. Este periodo
de adaptación se encuentra en relación con una estructura muy
sensible, que es la encargada de capta la luz: la Retina.

Esta posee células encargadas de generar la visión
diurna (los conos), siendo los
responsables de la visión a color, y las de la visión nocturna (los
bastoncillos). Teniendo en cuenta esto, podemos concluir que los
bastoncillos son los responsables de la observación astronómica.
Desde el punto de vista óptico, el ojo presenta
analogía con la cámara oscura de una máquina fotográfica. Las dos
retinas son excitadas por los estímulos provenientes del medio ambiente
y las imágenes ópticas que se forman en ella, son invertidas. Mediante
un proceso que tiene lugar en el cerebro, se reestablece el sentido del
objeto percibido.
Para alcanzar la Retina, un haz de luz debe
atravesar los medios refringentes del ojo humano, que son cuatro:
1.
La Córnea.
2.
El Humor acuoso.
3.
La lente o cristalino.
4.
El humor vítreo.
La superficie curva de la retina es muy importante,
ya que permite compensar el cambio de trayectoria que sufre un haz
luminoso, al pasar por medios con índices de
difracción tan distintos. Ya dentro del ojo, los índices de
refracción del cristalino, humor acuoso y humor vítreo, son tan
parecidos, que el haz de luz no sufre mucho cambio, sólo la inversión
que mencionamos anteriormente.
Además de los elementos nombrados anteriormente, el
ojo presenta una estructura no refringente muy importante, cuya función
es la de regular la entrada de luz. Nos referimos al Iris,
parte pigmentada a la cual le debemos el color de nuestros ojos. Esta
posee fibras musculares que de forma involuntaria se contraen o
expanden, limitando o facilitando la incidencia lumínica al órgano. El
Iris regula el área de la pupila que
quedará expuesta a la radiación luminosa. Si nos encontramos en un
sitio muy iluminado, la pupila se contraerá, disminuyendo de tamaño.
Este proceso recibe el nombre de Miosis.
En cambio, si nos encontramos en una zona oscura, la pupila se expandirá,
para facilitar el ingreso de mayor cantidad de luz. Este proceso se
llama Midriasis.

Miosis y Midriasis de la pupila del ojo.
La aplicación práctica de lo anteriormente
descrito en función del estudio astronómico es que antes de realizar
una observación, es recomendable que la persona se ubique en una zona
con escasa o nula iluminación, ya que en esta condición, el ojo humano
percibirá con mucha más facilidad, la poca luz emitida o reflejada por
los objetos celestes. Este período de tiempo se denomina “adaptación
a la oscuridad”.
Visión lateral.
Una técnica muy importante cuando se están realizando
observaciones visuales, es la visión lateral.
La técnica se utiliza cuando se está observando objetos con
luminosidad muy débil. Consiste en ubicar un objeto dentro del mismo
campo del telescopio que se encuentre cercano al objeto débil que se
desea observar o estudiar. Al dirigir la vista hacia ese objeto, los
haces de luz que provienen del objeto débil, incidirán en una zona del
ojo rica en bastoncillos. Esto permitirá mejorar nuestra percepción visual
del cuerpo en estudio.