Hipótesis de la Turbulencia de Weizsacker               

En 1945, el físico y filósofo alemán Carl Friedrich von Weizsäcker (1912-2007) desarrolló la Teoría de la Turbulencia para explicar la génesis del Sistema Solar.

 

El supuso que el Sol se encontraba rodeado por una nebulosa con la misma composición química y que por efecto de la rotación se convirtió en un disco con una masa equivalente a un décimo de la masa solar. Las partículas de la nube de gases y polvo se desplazan de manera descoordinada y debido a estos movimientos, comienzan a aparecer pequeños remolinos y turbulencias, que le sustraen al Sol parte del momento angular, reduciendo su velocidad angular. Donde dos remolinos se juntan, surge una acumulación de partículas, las cuales a través de su atracción, atraen otras partículas y se mantienen juntas en un lugar en específico. Así, existen varios torbellinos que giran en torno a un torbellino central. El torbellino central pasa a constituir el Sol, mientras que los demás torbellinos que giran a su alrededor, en un proceso de 100 millones de años, pasarían a constituir los planetas.

 

Weizsacker supone que los elementos de masa en rotación alrededor del Sol describirían elipses con poca excentricidad, formando torbellinos con un momento angular dependiente de su excentricidad. Al no poder oponerse a la fuerza de gravedad el Sol, la velocidad de los torbellinos estaría signada por su distancia de él.   

 

En este sentido, la teoría de Wiezsacker plantea que los planetas surgen de una nebulosa aplanada en donde los gases y polvo forman movimientos de rotación contrapuestos en anillos concéntricos al Sol.

 

En el año 1950, el astrónomo planetario holandés nacionalizado estadounidense Gerard Kuiper (1905-1973) observó que la hipótesis de Weizsacker podría ponerse en relación con el movimiento de turbulencia del disco, sugiriendo la posibilidad de que en la nebulosa se produzcan fenómenos de inestabilidad gravitacional que provocarían el proceso de condensación.

 

Sin embargo, Kuiper precisó la imposibilidad de esta hipótesis debido a que la pérdida de gas en los protoplanetas mayores sería muy escasa, en un lapso de tiempo equivalente a la edad del Sistema Solar, por lo que la atmósfera de la Tierra debería tener mayor cantidad de gases pesados de los que posee en la actualidad.