Terraformación - más allá de los dilemas tecnológicos

Emperatriz Guerrero
03 de septiembre de 2024
Publicado: 06 de enero de 2025
Hablar de Terraformación pareciera ser adentrase en un terreno plagado de utopías e imposibilidades. Es común encontrar en la web numerosas alusiones a este proceso y calificarlo como propio de la ciencia-ficción. Sin embargo, tales calificativos pueden, en caso extremo, aplicarse al momento actual, pero desconocen las magnitudes de avance de las tecnologías aeroespaciales, las cuales han mostrado desde 1957, con el lanzamiento del Sputnik 1 hasta la actualidad, que en menos de 70 años se han conseguido logros considerados inalcanzables a principios del siglo XX.
La Terraformación forma parte de la ingeniería planetaria, en la cual se aplican tecnologías a gran escala para influir en las condiciones globales de un planeta. Una de sus vertientes, la Geoingeniería, está orientada a la Tierra, especialmente a la búsqueda de soluciones al cambio climático y la desertificación, sin desmerecer los intentos por disminuir las emisiones de carbono y otros componentes de nuestra huella ecológica.
Su otra vertiente es precisamente la Terraformación, un proceso ingenieril que pretende la recreación de las condiciones biofísico-químicas de la Tierra en un cuerpo extraterrestre, de forma tal que se vuelva habitable para sus formas de vida.
Si bien el término apareció por primera vez en 1942 en un relato de John Stewart (Jack) Williamson (1908-2006) en la revista Astounding Science Fiction, actualmente forma parte de la terminología y del estudio en diversos campos científico-técnicos.
Aun así, para muchos la idea de terraformar un cuerpo extraterrestre no tiene sentido ni objetivo. Es considerado un simple ejercicio de imaginación sin mayor trascendencia, o cuando mucho algo cuyas dimensiones lo hacen tan costoso y a la vez de resultados tan impredecibles, que difícilmente alguien invertiría en él. O que su complejidad sobrepasa las tecnologías actuales y sencillamente hay que esperar por estas. Y, dicho sea de paso, la espera puede tranquilamente tardar porque no se vislumbra en el horizonte cercano la necesidad imperiosa de conseguirla.
Estas opiniones nuevamente nos regresan a su temporalidad y a una visión reduccionista de la evolución humana en particular y la evolución de nuestro planeta en general. En primer lugar, nuestra especie tiene entre sus características fundamentales la razón, el pensamiento abstracto y concreto, la curiosidad, el ingenio, la creatividad y la tendencia a correr riesgos. Junto con ellas, los procesos evolutivos social y biológico de Homo sapiens lo llevan necesariamente a transitar por derroteros exclusivamente propios.
En este sentido, desde el punto de vista de las acciones antrópicas, las alteraciones ambientales que estamos produciendo a despecho de los pocos y puntuales intentos por reducir la emisión de gases de efecto invernadero, frenar la tala y la frontera agrourbana, reducir la producción y desecho de plásticos, limitar el uso de agroquímicos industriales, reducir e incluso eliminar los vehículos de combustión interna, entre otros, podrían en algún momento ser completamente irreversibles y, en un proceso de retroalimentación positiva, continuar su desarrollo caótico y/o catastrófico hasta hacer al planeta ecológicamente insostenible entre 2050 y 2100.
Por otra parte, las continuas tensiones que se viven en el orden geopolítico entre naciones con armas de destrucción masiva entre las cuales se cuentan las nucleares, podrían provocar, en caso de utilizarlas, un desastre a nivel global, en el que habría que considerar no sólo pérdidas humanas, alteraciones y mutaciones genéticas, sino también destrucción e inhabitabilidad por centurias de grandes sectores terrestres y acuáticos de la Tierra, hiriendo severamente su estabilidad ecológica, destruyendo terrenos de producción agropecuaria y generando lluvias radiactivas. Las nubes de cenizas y polvo cubrirían el cielo obstaculizando la luz solar, frenando el proceso fotosintético y generando un invierno nuclear.
Pero así logremos mantener el equilibrio ecológico del planeta y la paz, existen fuentes naturales de amenazas a gran escala. Una de ellas se encuentra bajo nuestros pies: los súper volcanes como el del lago Toba, la caldera de Yellowstone o la caldera de La Garita entre otros, cuyas erupciones pueden sumergir a la Tierra en un invierno volcánico, sin contar el grado de destrucción masiva que originarían.
Otras pueden provenir del Sol. El horizonte de Usselo es una capa de cenizas de 5 a 15 cm de espesor formado a finales del Pleistoceno. Hallado inicialmente en los Países Bajos, su presencia ha sido comprobada a nivel mundial. Una de las explicaciones es que dicho horizonte es producto de una fulguración solar o mega flare de magnitud colosal con una enorme eyección de masa coronal, lo que distorsionó la magnetosfera permitiendo el ingreso de radiación cósmica por los polos, que bañó al planeta originando incendios masivos que produjeron la formación del mencionado horizonte.
Junto a esto, existe la amenaza permanente de algún cuerpo extraterrestre de gran tamaño que se descubra en rumbo de colisión con nuestro planeta. Las evidencias de impactos de meteoritos de considerable tamaño en forma de cráteres en tierra y fondos marinos se han asociado con extinciones masivas, cambios en la geografía litoral de continentes, destrucción de amplias zonas de tierras emergidas, entre otros.
Aunque por el tiempo de vida de nuestra especie no tenemos registro de primera mano de situaciones catastróficas naturales como las señaladas, las evidencias demuestran que hasta ahora sólo hemos tenido suerte y que no podemos desaprovechar el tiempo.
Por otra parte, la Tierra como cualquier otro cuerpo astronómico, se encuentra en su propio camino de desarrollo con un destino final ligado irremediablemente en su caso al destino de su estrella. Dentro de 5.000 MA el Sol, agotado su hidrógeno y consumidos otros elementos cada vez más pesados, se expandirá en una gigante roja, llegando a unas 150 veces su tamaño actual, y calcinando lo que encuentre a su paso. Finalizada la crisis de su agonía y disipado en forma de nebulosa planetaria, quedará convertido en una fría enana blanca.
El español Miguel García Casas, Doctor en Ciencias Biológicas, en su teoría Vida Embarazada y Reproevolución, sostiene que la Tierra tiene que generar por evolución una especie que rescate la vida terrestre y la lleve a salvo cuando el Sol llegue a su muerte. Si esto no ocurre, el experimento de la vida habrá fracasado. Seamos optimistas y digamos que sí, que seremos nosotros la especie elegida. De modo que cuando esto suceda, si la descendencia de la raza humana aún existe y sigue siendo la dominante, deberá de haber abandonado la Tierra o haberse establecido en planetas o lunas más allá del área de destrucción del Sol.
Así que pensar en un Plan B desde ahora no resulta descabellado. Y es en este punto donde la Terraformación es tomada en cuenta, por cuanto por su misma naturaleza de replicar las condiciones terrestres, es un proceso a muy largo plazo, de donde las experiencias de envergadura no puedan evaluarse, tal vez, en el transcurso de una generación. Al menos en los primeros ensayos.
Por su definición misma, los procesos de transformación a seguir dependerán de las características iniciales del cuerpo a terraformar, el cual, dadas las condiciones tecnológicas actuales, debe estar muy cercano y ser, en la medida de lo posible, lo más parecido a la Tierra, comenzando por ser rocoso.
Así, queda descartada la Luna por su tamaño demasiado pequeño para mantener una atmósfera. De los planetas interiores, Mercurio por estar demasiado cerca del Sol y Venus por su atmósfera rica en CO2 y nitrógeno con temperaturas hasta de 475 °C y presión de 9 atm, quedan igualmente fuera. Entonces, nos queda Marte.
Marte es el segundo planeta más pequeño del Sistema Solar, después de Mercurio. Entre sus mayores similitudes con la Tierra tenemos su período de rotación de 24 h 37 m y 22 s, ligeramente más largo que el terrestre; su estacionalidad que cubre durante su período de traslación de 687 días, unos 1,88 años terrestres, y su área de superficie sólida de 144,4 millones de Km2, contra los aproximadamente 134.239.000 Km2 de superficie emergida de la Tierra.
Sin embargo, al tratarse de terraformar, hay que tomar en cuenta las diferencias antes que las semejanzas, dado que cada cuerpo extraterrestre tiene las suyas propias, de donde cada uno es un desafío único. Marte no escapa a esta situación, tal como puede apreciarse en el siguiente cuadro comparativo.
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Tierra Masa: 5.972 x 1024 Kg Gravedad: 9.7803 m/s2 Presión atmosférica: 1013 hPa Temperatura media: 15 °C O2: 21% CO2: 0,03 % Agua: 1386 mKm3 (2,5% dulce) Campo magnético: 30.000-60.000 nT (25-65 μTeslas) |
Marte Masa: 6,39 x 1023 Kg Gravedad: 3.711 m/s2 Presión atmosférica: 8 hPa Temperatura media: -46 °C O2: 0,3% CO2: 95,32% Agua: Restringida a los casquetes polares Campo magnético: 0-30 nT (2 milésimas del terrestre) |
Principales diferencias entre la Tierra y Marte
De todas las diferencias, la más crucial al momento de pensar en terraformar Marte es la referida al campo magnético. Esta propiedad crea alrededor del planeta un escudo protector, la magnetosfera(1), que desvía la radiación cósmica y otras partículas energéticas provenientes principalmente del Sol. Fue la estabilización de este campo magnético lo que permitió que en la Tierra se desarrollara el proceso de la vida.
Marte carece actualmente de campo magnético, pero estudios de las rocas marcianas por el rover chino Zhurong (2020), han demostrado la presencia de sectores en los cuales se registran hasta 1.500 nT, lo que se ha determinado como un paleomagnetismo o magnetismo remanente, dando indicios de que el planeta rojo tuvo una vez este escudo y lo perdió, hace unos 4.000 MA. Como consecuencia, la radiación solar acabó con su agua líquida y su atmósfera. Ya la sonda MAVEN había comprobado en 2013 la elevada pérdida de iones del planeta durante eyecciones solares masivas.
¿Cuáles son las posibles alternativas para salvar la ausencia de magnetosfera marciana? En el programa Planetary Science Vision 2050 Workshop de la NASA, está planteada la creación de un satélite que actúe a modo de dipolo magnético. Este satélite se ubicaría entre el Sol y Marte, en uno de los puntos de Lagrange, específicamente en el punto L1(2), esto es a unos 320 radios marcianos, con lo que el planeta quedaría dentro de la cola magnética del escudo, tal como se muestra en la imagen a continuación.

Escudo magnético marciano con dipolo en el punto L1
Como se observa en ella, este dipolo crearía un escudo o pantalla magnética (magnetosheath) protectora sobre el planeta, que desviaría el viento solar. Tras esta pantalla se abriría una cola magnética (magnetotail) dentro de la cual quedaría el planeta a resguardo de las radiaciones del viento solar.
De esta manera se reducirían significativamente el daño causado por el viento solar y la radiación de alta energía en la superficie marciana, a la vez que se establecería un nuevo equilibrio atmosférico. James Green, quien hasta enero de 2022 fue el jefe científico de la División de Ciencia Planetaria de la NASA, señala que este escudo magnético facilitaría la llegada de misiones tripuladas a Marte, creando condiciones para investigarlo y explorarlo con mayor detalle.
Con esta protección se daría comienzo a una segunda etapa, que incluiría dos procesos interrelacionados: densificación de la atmósfera y calentamiento del planeta. Para esto se han propuesto diversas alternativas, puesto que la sola contribución de la desgasificación del CO2 del hielo y suelo marcianos sería sumamente lenta (del orden de unos 10 MA para duplicar los valores actuales) y probablemente insuficiente.
Una de las opciones para lograrlo es el aerofrenado de cometas, una aplicación del proceso de frenado con ayuda de la atmósfera que realizan las naves espaciales cuando reingresan a la atmósfera terrestre. Aplicado a cometas ricos en agua, compuestos nitrogenados o amoniacales y metano, se los ingresaría en la atmósfera marciana, donde se vaporizarían, incrementando el vapor de agua atmosférico y generando reacciones químicas entre sus componentes y la mezcla de gases marciana, que contribuirían a generar gases de efecto invernadero. Lo ideal sería llevar la densificación atmosférica por lo menos a 62,62 mbar o 0,0618 atm, unas 10 veces la actual, la cual se considera la mínima presión atmosférica que puede soportar un ser humano.
Otra opción está referida a la importación de hidrógeno. Hidrógeno elemental, obtenido de la destilación de hidrocarburos, podría llevarse y liberarse en Marte. De esta manera, y en conjunto con los gases atmosféricos locales, ocurrirían las reacciones de Bosch y de Sabatier, obteniéndose agua, metano y carbono elemental. El incremento de los niveles de metano potenciaría el efecto invernadero del CO2 marciano, tendiendo a calentar el planeta.
Una tercera alternativa es la de reducir el albedo, es decir, el brillo del planeta, con lo cual la cantidad de radiación infrarroja absorbida sería mayor. En este caso, se oscurecerían las zonas más brillantes de Marte, ubicadas en los casquetes polares. La opción más directa es oscurecerlos con polvo de sus propios satélites o partículas de carbón. Además de reducir el albedo, la mayor temperatura que se originaría en los sitios de rociado favorecería la generación de agua líquida por licuefacción del hielo marciano. Esto también contribuiría a la desgasificación del CO2 contenido en el hielo.
Finalmente, una cuarta opción es el rociado con aerogeles de sílice. Los aerogeles son las sustancias sólidas más ligeras conocidas y se utilizan actualmente como aislantes térmicos en ventanas. Su baja conductividad térmica y su transparencia permitirían crear bajo su protección espacios bajos en radiación ultravioleta, suficientemente cálidos e iluminados como para permitir el proceso fotosintético.
Naturalmente, podría recurrirse a una combinación de estas alternativas para lograr una sinergia que acelere los cambios necesarios. James Green expresa que "Una atmósfera marciana con mayor temperatura y presión permitiría suficiente agua líquida en la superficie como para mejorar la exploración humana durante la década de 2040”.
Ahora bien, una cosa es disponer de agua líquida para exploración y otra disponer de agua líquida en gran escala para proseguir con la terraformación. En 2021, el rover Perseverance encontró en el cráter Jezero, formaciones indicativas de deltas e inundaciones episódicas, es decir, el planeta rojo tuvo una actividad hidrológica continua y por ende un ciclo hidrológico. Actualmente el agua se encuentra en los casquetes polares, aunque sus estimaciones de magnitud no han sido claramente establecidas. En ese mismo 2021, un impacto de meteorito ocurrido el 24 de diciembre a 35° N dejó al descubierto bloques de hielo formados por agua. El 28 de enero de 2024, Watters et. al publicaron en Geophysical Research Letters que la sonda de radar del Mars Advanced Radar for Subsurface and Ionosferic Sounding de la Mars Express había localizado en la formación Fosa de la Medusa, cercana al ecuador marciano, cambios de densidad coherentes con capas estratificadas de hielo. De ser esto plenamente confirmado, representaría del 30% - 50% del total estimado del casquete polar Norte. Sin embargo, al estar cubiertos por unos 300 - 600 metros de polvo, estos depósitos no serían accesibles por las próximas décadas. Y si el agua resulta similar a la de los casquetes polares, muy probablemente sería rica en sales y deuterio.
Si el agua líquida presente en Marte resultara insuficiente, se tendría que traer de otra parte. Una de las opciones es importarla de lunas heladas o planetas enanos y estrellarlos contra la superficie marciana, emulando una de las teorías del origen del agua terrestre, según la cual ésta llegó en una lluvia de meteoritos, sumándose a la existente en nuestro planeta. Sin embargo, además de los altos gastos en equipos y energía, esto implicaría un incremento de la masa del planeta que, aunque ínfimo comparado con su totalidad, alteraría sus parámetros orbitales. Por ello, lo más probable es que el agua sea un recurso tan valioso que se tenga restringido a entornos cerrados, pero suficientemente amplios como para desarrollar un ciclo hidrológico, uno de los aspectos fundamentales al pensar en sistemas biológicos estables, lo cual sería el siguiente paso en la terraformación.
Este siguiente paso es la ecopoiesis(3). Aplicado a entornos extraterrestres, el concepto está referido a la generación de un ecosistema sostenible en un cuerpo extraterrestre inicialmente sin vida o estéril.
En su etapa primaria, la creación de un ecosistema en un ambiente extraterrestre estaría restringida a la siembra inicial de vida microbiana. Posteriormente la vida se llevaría en forma de organismos fotosintetizadores cada vez más complejos que acelerarían la producción de oxígeno gaseoso, algo fundamental para todo avance posterior, junto con una microbiota descomponedora capaz de originar ciclos biogeoquímicos, segundo proceso fundamental en el establecimiento de ecosistemas estables. Estas formas, junto a organismos fotosintetizadores cada vez mayores, harían al planeta capaz de soportar, eventualmente, la vida animal.
Sumada a esta opción, el 14 de noviembre de 2023, científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China (USTC) reportaron que un robot con IA había logrado sintetizar catalizadores para generar oxígeno a partir de los propios recursos marcianos, incluso a temperaturas de -37 °C. De modo que, técnicamente, la escasez de oxígeno dejaría de ser un obstáculo a la presencia humana, y la segunda etapa de terraformación estaría plenamente encaminada.

Visión artística de las etapas de terraformación de Marte
¿Qué tan cierta puede ser esta visión artística? Naturalmente, los artistas se toman muchas licencias al momento de elaborar sus creaciones. Probablemente no recrearemos océanos en Marte, pero sí lagos, lagunas y/o cisternas subterráneas de donde disponer del agua hacia sectores protegidos, donde replicar ciclos hidrológicos y mantener ciclos biogeoquímicos dinámicos. Si logamos esto, tendremos la semilla para proseguir cada vez a mayor escala.
Dicho todo esto, ¿es factible la terraformación? Hay quienes expresan que para esto falta mucho desde el punto de vista tecnológico, o que nuestros cuerpos orgánicos no podrían soportar salir de la Tierra por períodos prolongados y menos aún sobrevivir en otro planeta, por lo que tendremos que esperar hasta poder colonizar como cyborgs.
Sin embargo, parecen no tener en cuenta la capacidad de avance que en ciencia y tecnología tiene el ser humano. Basten unos pocos ejemplos: en 1906, Alberto Santos Dumont (1873-1932) voló el primer avión que despegó de forma autónoma desde el Campo de la Bagatelle en París. Nueve años después, en 1915, durante la Primera Guerra Mundial, ya los aviones se habían incorporado como armas bélicas. En 1957 se lanzó el Sputnik I, primer satélite artificial. Doce años después, en 1969, el hombre llegaba a la Luna. Para 1971 se inauguraba la Salyut 1, primera estación espacial habitable de nacionalidad rusa. En 1973 fue lanzada su contraparte estadounidense, el Skylab. En 1981 voló el transbordador Columbia, primer vehículo espacial reutilizable en regresar a la Tierra como un avión. En 1986 comenzó la construcción de la estación espacial rusa MIR. Para 1998, se comenzó a construir la Estación Espacial Internacional. En mayo de 2003 fue lanzada la sonda japonesa Hayabusa, que el 20 de noviembre de 2005 se posó por primera vez en un asteroide, Itokawa. Todo esto en menos de 100 años de historia de la aviación, la ingeniería aeroespacial y la astronáutica, haciendo realidad lo que a principios del siglo XX se consideraban imposibles que sólo aparecían en novelas o películas de ciencia ficción.
De modo que quienes plantean que la terraformación no pasa de ser un ejercicio de la imaginación o se dedican a señalar los peros y los contras, se limitan a repetir los problemas, pero no se enfocan en proponer soluciones. Es necesario dejar de mirar por el ojo de la cerradura y abrir la puerta para ver el panorama completo.
De cualquier manera, el tema de terraformar Marte está en el debate, al punto que en su Plan Journey to Mars (Viaje a Marte) de 2015, la NASA prevé la existencia de una colonia humana en el planeta rojo para la década de 2030. Si esto será así o tendremos que esperar una década o más, sólo el tiempo lo dirá.
Por ahora, se están dando los primeros pasos. The Mars Society tiene dos estaciones de investigación, la primera en el ártico, establecida en el verano de 2000, Flashline Mars Arctic Research Station (FMARS) que ya ha realizado misiones con 15 tripulaciones para 2023, y la Mars Desert Research Station (MDRS) en el desierto de Utah, establecida poco después, en la cual habitó en abril de 2023 una tripulación exclusivamente femenina del programa catalán Hypatia. En ambas estaciones se realizan simulaciones y experimentos replicando las condiciones marcianas, además de probarse prototipos de habitáculos.

Plano de hábitat (MDRS)
Igualmente, se dan avances en el diseño de trajes espaciales, con nuevos materiales y mejor protección contra las inclemencias del espacio exterior y los ambientes a los que tendrán que enfrentar los pioneros. En conjunto, se prueban motores, cápsulas y demás vehículos aéreos y terrestres pensados para su desempeño en el ambiente marciano y para el transporte de personas e insumos.
Dado que estos desarrollos exigen tecnología de punta, numerosos países les han dedicado buena parte de su PIB mediante las llamadas agencias espaciales. Una de las más conocidas es la NASA, aunque existen más de una docena.

Las más importantes agencias espaciales del mundo
Formando parte de las agencias espaciales, se encuentra la ALCE, la Agencia Latinoamericana y Caribeña del Espacio, integrada por Venezuela y otros 18 países del área. Además, en nuestro país desde 2005 funciona la Agencia Bolivariana para Actividades Espaciales (ABAE). Si bien aún no formamos parte del grupo de élite, lo importante es que estamos interesados en la carrera espacial, y aunque modestamente, hacemos presencia en el ámbito de la exploración y la tecnología asociadas a ella.
Junto con las agencias espaciales, hay empresas privadas que están igualmente invirtiendo en la investigación en este sector. Y naturalmente, quienes invierten en él esperan altos rendimientos en el corto y mediano plazo. En este sentido, han dado la pauta no sólo en tecnología, sino explotando un nuevo rubro: el turismo espacial. Los viajes suborbitales oscilan entre 200.000 a 250.000 dólares, y un viaje turístico a la Estación Espacial Internacional cuesta entre 20 y 40 millones de dólares por persona.

Algunas empresas aeroespaciales privadas
De momento esta es su principal oferta, sin embargo, más temprano que tarde estarán igualmente apostando por otros beneficios. De hecho, en la actualidad la asociación entre NASA y Space X ha combinado los proyectos de exploración espacial profunda de la primera con las tecnologías rentables de transporte de la segunda.
En cuanto a Marte, uno de los primeros recursos en ser explotados serían sus minerales, de donde la minería espacial no se haría esperar una vez sea posible el establecimiento de bases permanentes o colonias. Esto ha sido un asunto candente desde 1967, con el Tratado del Espacio Exterior, y hasta la actualidad no se ha dilucidado a satisfacción el derecho a la propiedad y la naturaleza legal de los minerales extraídos.
Entonces vale la pena preguntarse si los espacios colonizados por misiones de agencias espaciales o empresas privadas serán controlados por éstas o si se hará en nombre de la humanidad en general. Porque para nadie dejan de ser evidentes las ventajas operativas y extractivas que la exclusividad traería para el ocupante inicial. En este sentido, no es difícil suponer los conflictos que acarrearía el hecho de contar con dichos recursos minerales tan a la mano.
¿Qué ocurrirá entonces cuando finalmente el ser humano asiente su planta en el planeta rojo? Porque evidentemente llegaremos con una visión distinta con la que llegamos a la Luna. ¿Cómo consideraremos a ese cuerpo extraterrestre, hermano de la Tierra, al que llegaremos como alienígenas y dispuestos a colonizarlo en nombre de …?
Más allá de los dilemas tecnológicos de terraformar un planeta, quedan otros, más sutiles y profundos, asociados a nuestra propia naturaleza social, orgánica y psicológica, nuestras propias debilidades y fortalezas.
Jorge Luis Borges, prologando las Crónicas Marcianas (1950) de Ray Bradbury en su edición argentina (1955), señala que el autor ”… Anuncia con tristeza y con desengaño la futura expansión del linaje humano sobre el planeta rojo -que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena”.
En una de las crónicas, un astronauta en diálogo con su capitán, expresa que jamás podremos alcanzar a Marte, dando al cuerpo astronómico una dimensión que trasciende su tangibilidad colocándolo como objeto suprasensorial. Y que dicha incapacidad nos hará volvernos contra su naturaleza, transformándolo “… a nuestra imagen y semejanza…” expresión que se presenta como caja de resonancia al concepto de terraformación. El diálogo culmina cuando el astronauta expresa “… Llamaremos al canal, canal Rockefeller; a la montaña, pico del rey Jorge, y al mar, mar de Dupont; y habrá ciudades llamadas Roosevelt, Lincoln y Coolidge, y esos nombres nunca tendrán sentido, pues ya existen los nombres adecuados para estos lugares”. En un parangón con la conquista de América, la toponimia original ancestral, junto con otros muchos elementos culturales, fueron barridos por el conquistador y/o cambiados según sus propias demandas y referentes.
Si bien hasta ahora no hay evidencias que demuestren fehacientemente que en Marte se haya desarrollado una especie inteligente capaz de construir ciudades y barcos, o haber puesto nombres originales a sus accidentes topográficos, no es menos cierto que nuestra llegada provocará un proceso de transformación y modificación de las características propias del planeta, haciendo que su devenir natural se vea completamente alterado.
Algunos de estos dilemas resultan evidentes. Uno de ellos es el ambiental, el cual tiene numerosas facetas. Tenemos suficientes ejemplos de las consecuencias bio-fisicoquímicas, paisajísticas y otras, algunas a nivel global, producto del usufructo desmedido de recursos y el incorrecto manejo de los desechos. En este sentido, en caso de hallarse menas que justifiquen la inversión, no hay dudas en que se procedería con el desarrollo minero para su uso local o su exportación a la Tierra, y ésta es una de las actividades extractivas más nocivas y degradadoras del ambiente, de donde sería necesario generar protocolos y normativas específicas que regulen dicha actividad, así como entes que garanticen su cumplimiento. Esto no es una novedad en la Tierra, y ya sabemos cuáles han sido los resultados. Por ello se tendrán que generar estándares de calidad ambiental específicos. De aquí la pregunta de quién ejercerá la supervisión ambiental en Marte y garantizará que las leyes y procedimientos se cumplan a cabalidad. ¿Las Naciones Unidas?
Por otro lado, tendremos el uso del recurso agua, especialmente en colonias o para cubrir las demandas industriales y del turismo espacial. Aunque los expertos no estiman una migración masiva, la extracción, uso y disposición de aguas servidas tanto para uso humano como industrial, debe ser uno de los aspectos cruciales a la hora de decidir la presencia de colonias y empresas en Marte. Por lo mismo, la investigación en cuanto a la generación y estabilidad de ciclos hidrológicos y biogeoquímicos debería preceder a cualquier intento de establecimientos permanentes de cualquier índole, así como recibir un monitoreo constante. Y dada la segura escasez del recurso, se tendrá que recurrir a licencias para su extracción. ¿Quién las expedirá y bajo cuáles lineamientos?
Igualmente, la disposición de desechos es un aspecto prioritario a ser considerado. De hecho, ya hemos empezado a dejar basura, como el caso de los restos del Perseverance. Si bien tomando en cuenta la probable escasez de recursos de todo tipo, es previsible que la mayoría de los desechos sean reciclados o reutilizados. Sin embargo, hay que pensar en aquellos que no lo serían y cómo reintegrarlos, de ser posible, a los ciclos biogeoquímicos. Desde 2010, en la Estación Espacial Internacional un aproximado del 93% del agua se recupera de la orina, el aliento exhalado, la transpiración y las aguas residuales. ¿Y qué decir del cultivo de papas con excrementos procesados que aparece en la película The martian (El marciano)? De hecho, astrobiólogos de la NASA han probado variedades resistentes de papa en el desierto de Atacama, uno de los lugares más parecidos a Marte por las características de sus suelos.

Cultivo de papas en la película The martian (2015)
En el mismo orden de ideas, hay que pensar en la disposición de los cuerpos de los colonos. La repatriación sería un proceso sumamente costoso, y la incineración requiere altas cantidades de oxígeno y energía, así como sistemas de filtración por la generación de gases potencialmente tóxicos y cenizas. Además, llevaría a la pérdida de materia orgánica valiosa para el reciclaje, la cual, dadas las condiciones limitadas del planeta, no debería ser desaprovechada. Antes bien, debería procurarse replicar lo que ocurre en la naturaleza: el retorno de la materia orgánica a su reservorio o suelo para su descomposición y su reingreso como materia inorgánica a la poza lábil o biota mediante organismos productores. En este sentido, lo más sostenible sería aprovechar el cuerpo íntegro para el retorno de los nutrientes contenidos en él. Sin embargo, la sepultura tradicional no daría este resultado porque bajo las condiciones ambientales marcianas no ocurriría descomposición, de modo que se requeriría de una industria y una legislación especializadas que tomen en cuenta los contextos socio-culturales y éticos.
Y hablando de biota, si bien a primera vista se puede alegar que en Marte no existe una biota local que pueda ser alterada, esto es algo que aún no ha sido totalmente confirmado. Por otra parte, aunque existen protocolos de esterilización de la NASA (Planetary Protection) y del Comité para la Exploración Planetaria y Lunar, es bien conocida la resistencia que al congelamiento y/o a la deshidratación extremas tienen ciertos microorganismos, de donde probablemente algunos ya estén en el planeta rojo, llegados en los rovers y otros equipos, adaptándose a sus nuevas condiciones de vida como pequeños bioinvasores.
En caso contrario, los llevaremos nosotros, en nuestros propios cuerpos. Desde la superficie de nuestra piel, boca y mucosas, hasta nuestros sistemas internos y productos de excreción, somos sustratos orgánicos, ricos en microorganismos, tanto benéficos como patógenos. ¿Podremos asegurar que los primeros seguirán siendo inocuos o incluso necesarios para nosotros bajo las condiciones marcianas, o dejarían de serlo volviéndose nocivos? Y en cuanto a los patógenos, ¿esos cambios afectarían su virulencia tornándolos más peligrosos para la salud humana?
Pero el ambiente marciano también nos creará dilemas fisiológicos. Otro costo que sumar al precio por salir de la Tierra. ¿Qué tanto se alterará nuestra relación masa ósea vs. masa muscular o nuestra capacidad cognitiva por la menor gravedad a largo plazo? Son bastante conocidos los efectos de la microgravedad en astronautas con meses en el espacio, y por lo mismo cabe hacer una valoración de los que puedan sufrirse a un tercio de la gravedad terrestre por un tiempo sostenido. Igualmente, de los procesos asociados a la distribución de líquido corporales, entre ellos los que ocupan cavidades intracraneales que podrían afectar el rendimiento y la consciencia del sujeto, y la influencia de esta redistribución en el esfuerzo cardíaco.

Representación de cambios hemodinámicos en microgravedad
En el mismo orden de ideas, ¿sufrirán nuestros sistemas inmunitario y hormonal? Sólo los estudios y seguimiento podrán responder estas y otras interrogantes. Por ahora, el Comité de Miembros de la Asociación de Medicina del Espacio y la Sociedad de Cirujanos de Vuelo de la NASA, entre otros grupos de especialistas y profesionales de las ciencias médicas, están de acuerdo en que debe formarse y entrenarme personal médico que asista a las misiones a largo plazo, en las cuales los recursos farmacéuticos y de equipos serán limitados.
A esto se suma el desconocimiento de la evolución que pueden seguir enfermedades degenerativas o genéticas, así como los procesos gerontológicos. Por otra parte, si se permite la reproducción humana en Marte, ¿cómo se verá afectado el desarrollo físico de fetos, recién nacidos, niños y adolescentes? ¿Qué sucederá con ellos si deciden viajar o regresar a la Tierra? Se tendrán que valorar muy bien los riesgos contra las ventajas.
Otro aspecto a considerar es el de nuestra naturaleza como especie social. Está demostrado que reaccionamos a nuestro entorno y creamos patrones socio-culturales particulares y contextualizados. En el caso de que se establezcan colonias, no es extraño presumir que surgirían nuevas formas de gobierno y liderazgo, y con ellas tipos distintos de estratificación social. Las actividades comerciales y extractivas crearían igualmente nuevas estructuras económicas, de tenencia de la tierra y de la propiedad privada, monedas o unidades de cambio. Todo esto conduciría a la creación de leyes adaptadas a sus requerimientos y necesidades específicas. ¿Y cuál sería la nacionalidad de los nacidos en dichas colonias?
Además, con el tiempo, el aislamiento daría origen a variantes idiomáticas, nuevas tradiciones y formas de alimentación. ¿Qué hacer en Marte en el tiempo libre? Si ya Alan Shepard jugó golf en la Luna, la Sociedad de Turismo Espacial coloca los deportes a la vanguardia, atendiendo a la búsqueda de nuevas experiencias y emociones de los turistas espaciales. Fútbol, montañismo y carreras de buggies se presentan entre las primeras opciones, sin descartar el atletismo. El detalle estaría en determinar los efectos en los cuerpos de los atletas. Otras formas de ocio y diversión, así como las artes, también hallarán nuevos entornos y referentes bajo los cuales desarrollarse.
Si hay crecimiento demográfico, habrá que educar a las nuevas generaciones, lo que llevará a redimensionar no sólo conceptos educativos, sino también estudiar y evaluar las demandas tecno-científicas de los educandos, replanteando la relación teoría-práctica en su formación, lo que debe enseñarse y lo que no necesiten, las áreas fundamentales o generales de formación y las secundarias u optativas. Evidentemente, la educación además de brindar formación profesional, deberá estar enfocada a la autonomía del sujeto en los distintos ámbitos de su vida cotidiana. Además, tanto ellos como nosotros deberemos ser educados para el vivir y convivir en una sociedad interplanetaria.
Sólo a vuelo de pájaro se asoma que más temprano que tarde surgirá una sub-cultura nueva con la que habría que entenderse y darle su lugar desde el punto de vista jurídico.
Pero el ser humano es más que un cuerpo orgánico y un ser social. Es una suma de facetas diversas, en las cuales se encuentran las psicológicas y espirituales. Por lo tanto, no es de extrañar que reaccionemos ante la vida en un planeta ajeno con conflictos internos. La soledad, la ausencia del grupo familiar y las amistades, el confinamiento, la dificultad para el libre tránsito, entre otros aspectos, pueden originar manifestaciones psicológicas adversas. O bien se contrarrestarían con el surgimiento de nuevos referentes y satisfactores espirituales, o de nuevas religiones.
Y finalmente y englobando a todos los anteriores, estarían los dilemas éticos ante la ocupación de Marte. Especialistas como el astrónomo mexicano Dr. Luis Aguilar Chiu (UNAM) ya han señalado que más temprano que tarde tendremos que enfrentar los conflictos éticos en este proceso de colonización. En primer lugar, nuestra presencia alteraría la evolución normal de un cuerpo celeste. Sabemos cuáles han sido las consecuencias de las acciones antrópicas en la Tierra. ¿Estaremos preparados para ejercerla de una forma más consciente y menos depredadora o priorizaremos el desarrollo economicista a ultranza como de costumbre lo hemos hecho?
Además, no cabe duda que los primeros astronautas y colonos serán los conejillos de Indias, con conocimiento informado, claro está, en los cuales se evaluarán los efectos y respuestas anatómicas, fisiológicas y psicológicas de la vida en Marte. Y si no se permite la reproducción humana, obviamente estas personas deberán renunciar a sus derechos reproductivos y a fundar una familia. Los expertos en bioética tendrán aquí un rico terreno que explorar.
A esto se suma la interrogante de si llevaremos nuestras cargas de discriminación religiosa, de género o racial entre otras, así como los conflictos geopolíticos, y en el mismo orden de ideas, si militarizaremos Marte.
Por otro lado, resulta evidente que las características del coloniaje marciano pueden llevar a contradecir o limitar varios de los Derechos Humanos proclamados por la ONU, que se sintetizan de alguna manera en el Art. 30: Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración. ¿Y qué sucederá si un día, como toda colonia, exigen su autonomía?
En suma, la diseminación de nuestra especie no sólo implica dilemas de tipo tecnológico, sino otros mucho más sutiles, asociados de forma directa a nuestra compleja naturaleza orgánica, social, psicológica y espiritual. Tal vez los primeros sean más sencillos de atacar por lo directos y pragmáticos que serían los procedimientos y alternativas de solución. Pero los segundos plantean interrogantes de difícil previsión y respuestas a priori. Está demostrado que es más fácil sacarnos físicamente de una realidad a la que estemos acostumbrados que sacar dicha realidad del interior de nosotros mismos.
Tal vez la lucha más difícil se libre en la conciencia humana, para dejar atrás las ambiciones desmedidas, la belicosidad, la autocracia, los idealismos, las visiones únicas y los lastres emocionales. Porque de cualquier forma que se mire, tenemos que dejar la madre Tierra como los hijos dejan a sus padres, para recorrer sus propios caminos. No podemos afirmar a ciencia cierta si algún día navegaremos entre las estrellas o viajaremos por agujeros de gusano de un lugar a otro del Universo. Lo cierto es que debemos procurar hacerlo, y desde ahora. Este es el momento de comenzar, de fallar y reintentarlo una y otra vez, porque de lo contrario nuestro planeta se podría convertir en una jaula, en una trampa para la vida que en él se gestó. Como dijo Konstantin Tsiolkovski (1857-1935):
«La Tierra es la cuna de la humanidad,
pero no se puede vivir en una cuna para siempre.»
(1) Capa creada por el campo electromagnético. Se produce por combinación de la velocidad de rotación del planeta, la presencia de un núcleo activo y medios fluidos subcorticales que conduzcan electricidad. Se forma así un imán de dimensiones planetarias con dos polos ubicados en posiciones opuestas en relación al eje de rotación del planeta, que crean un campo que se proyecta hasta los límites de contacto con el viento solar.
(2) Los puntos L o puntos de Lagrange son las cinco posiciones en un sistema orbital donde un objeto puede permanecer estacionario gravitacionalmente en relación a otros más grandes.
(3) Neologismo (del griego οικος, casa, y ποιησις, producción) acuñado en 1990 por Robert Haynes (1931-1998) con el significado de generación u origen de un ecosistema.
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CRÉDITOS DE IMÁGENES
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Escudo magnético marciano con dipolo en el punto L1: https://threadreaderapp.com/thread/907671361652490240.html
Visión artística de las etapas de terraformación de Marte: https://es.123rf.com/photo_157416833_paso-de-terraformaci%C3%B3n-de-marte-representaci%C3%B3n-3d.html
Plano de hábitat (MDRS): https://mdrs.marssociety.org/
Las más importantes agencias espaciales del mundo: https://www.facebook.com/cienciasdebolsilloplus/photos/a.536622079824377/1661768057309768/?type=3
Algunas empresas aeroespaciales privadas: https://www.wmcven.com/blog/turismoespacial
Cultivo de papas en la película The martian (2015): https://share.america.gov/es/las-papas-del-espacio-podrian-alimentar-a-los-primeros-exploradores-en-marte/
Representación de cambios hemodinámicos en microgravedad: https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0026-17422015000300013#:~:text=La%20exposici%C3%B3n%20a%20un%20ambiente,y%20alterar%20la%20autorregulaci%C3%B3n%20cerebral.