A  S  T  R  O  B  I  O  G  R  A  F  I  A  S 


 

Eugene Cernan

(14 de marzo de 1934, Chicago, Estados Unidos - 16 de enero de 2017, Houston, Estados Unidos)

 

 

Por: Bryan Montesino

Asociación Larense de Astronomía, ALDA.

 

        Eugene Andrew Cernan nació el 14 de marzo de 1934 en Chicago, Illinois, en el seno de una familia de ascendencia checoslovaca. Creció en las cercanías de la ciudad, en Bellwood y Maywood, donde su padre trabajaba como conductor de camiones y su madre se esforzaba por mantener un hogar unido durante los difíciles años de la gran depresión.

 

        Desde muy joven, Cernan mostró un espíritu curioso e inquieto, aunque no fue un estudiante especialmente brillante en sus primeros años. Sin embargo, supo canalizar su energía y disciplina a través de la Academia Naval de los Estados Unidos en Annapolis, donde se graduó en 1956 con una licenciatura en ingeniería eléctrica. Su siguiente paso fue unirse a la Marina, donde se convirtió en piloto de aviones a reacción. Demostrando una habilidad y una destreza excepcionales, Cernan completó su entrenamiento de vuelo y fue destinado a varios portaaviones, acumulando cientos de horas de vuelo en cazas como el A-4 Skyhawk. Su necesidad constante de superación lo llevó a obtener un máster en ingeniería aeronáutica en la Escuela Naval de Postgrado de Monterrey, California, una preparación que resultaría fundamental para el siguiente y más trascendental paso de su carrera: la NASA.

 

        En 1963, Cernan fue seleccionado como parte del tercer grupo de astronautas de la NASA, un grupo que la agencia buscaba para reforzar sus filas de cara a las cada vez más complejas misiones del Programa Gemini y el ambicioso objetivo de llevar un hombre a la Luna antes de que acabara la década. Su primera misión espacial fue como piloto del Gemini 9A en junio de 1966, junto al comandante Thomas Stafford. Durante esta misión, Cernan realizó una caminata espacial que duró más de dos horas, convirtiéndose en el segundo estadounidense en pasear por el espacio. Sin embargo, la experiencia estuvo lejos de ser un éxito; su traje espacial se volvió rígido y difícil de maniobrar, su casco se empañó y el esfuerzo sobrehumano que realizó para moverse por el exterior de la nave lo dejó agotado y con la frecuencia cardíaca por las nubes. Fue una prueba durísima que casi termina en tragedia, pero Cernan aprendió de cada error y esa vivencia se convirtió en una lección invaluable para el diseño de trajes y procedimientos futuros. Aprendió en carne propia lo implacable y hostil que podía ser el entorno espacial, una lección que jamás olvidó.

 

        Tres años después, en mayo de 1969, Cernan formó parte de la tripulación del Apollo 10, nuevamente bajo el mando de Thomas Stafford y con John Young en el módulo de comando. Esta misión fue el ensayo general definitivo para el alunizaje. Mientras Young permanecía en órbita lunar a bordo del módulo de comando "Charlie Brown", Stafford y Cernan pilotaron el módulo lunar "Snoopy" en un descenso que los llevó a solo 14 kilómetros de la superficie de la Luna. Fue un viaje vertiginoso que probó todos los sistemas, las comunicaciones y las maniobras necesarias para el alunizaje, incluyendo el complicado proceso de separación y ascenso desde la órbita baja. Cernan describió la superficie lunar pasando bajo ellos con un realismo abrumador, viendo cráteres y rocas con una claridad que ningún otro ser humano había tenido hasta entonces. Regresaron a la Tierra con la certeza de que el Apollo 11, que despegaría dos meses después, podría cumplir con éxito la misión de posar un hombre en la Luna. Aunque Cernan sintió una punzada de decepción por no ser él quien diera ese primer paso, sabía que su papel había sido crucial para allanar el camino.

 

        Finalmente, el 11 de diciembre de 1972, Gene Cernan comandó su tercera y última misión espacial: el Apollo 17, la última misión del programa Apolo en viajar a la Luna. Acompañado por el piloto del módulo de comando, Ronald Evans, y por el geólogo y piloto del módulo lunar, Harrison Schmitt, Cernan se convirtió en el undécimo y, hasta la fecha, último ser humano en caminar sobre la superficie lunar. Aterrizaron en el valle de Taurus-Littrow, una región de espectacular belleza y gran interés científico, rodeada de imponentes montañas. Durante tres días, Cernan y Schmitt llevaron a cabo tres extensas caminatas lunares, acumulando más de 22 horas fuera del módulo. Condujeron el rover lunar por kilómetros, recogiendo muestras de roca y suelo que sumaron más de 110 kilos, y desplegaron instrumentos científicos que enviaron datos durante años. Cernan, con su experiencia y pericia como piloto, maximizó cada minuto de la estancia, explorando cráteres como el Shorty y las estribaciones de la masa montañosa del Macizo Sur. El 14 de diciembre de 1972, antes de volver a subir al módulo lunar "Challenger" para emprender el regreso a casa, Cernan se arrodilló y escribió las iniciales de su hija Tracy en el polvo lunar. Luego, con la mirada puesta en la Tierra, un pequeño punto azul brillando en la negrura del espacio, pronunció unas palabras que quedarían para la historia: "Al partir de la Luna, en Taurus-Littrow, nos vamos como llegamos, y si Dios quiere, como volveremos: con paz y esperanza para toda la humanidad. Que Dios bendiga a la tripulación del Apollo 17". Al ser el último en ascender, se convirtió en el último humano en dejar sus huellas en otro mundo, un récord que perdura hasta nuestros días.

 

        Tras su histórica misión, Cernan se retiró de la NASA y de la Marina en 1976, alcanzando el rango de capitán. Lejos de la carrera espacial, forjó una exitosa carrera en el mundo de los negocios, involucrándose en la televisión, la banca y la consultoría energética, además de fundar su propia empresa de ingeniería aeronáutica. Sin embargo, nunca dejó de ser un firme defensor de la exploración espacial, dando conferencias por todo el mundo y escribiendo su autobiografía, "The Last Man on the Moon", donde relataba con crudeza y honestidad tanto las glorias como los sacrificios personales de su carrera, incluyendo el precio que pagó su vida familiar. A lo largo de los años, expresó su frustración por el hecho de que, después de Apollo, la humanidad no hubiera regresado a la Luna y no hubiera continuado el viaje hacia Marte, instando constantemente a las nuevas generaciones a mirar hacia las estrellas.

 

        Gene Cernan falleció el 16 de enero de 2017 en Houston, Texas, rodeado de su familia. Su legado, sin embargo, es inmortal. No solo fue un piloto excepcional y un astronauta valiente, sino el custodio de las últimas pisadas humanas en la Luna, un testigo silencioso de la capacidad del ser humano para soñar, explorar y alcanzar lo imposible, dejando escrito en el polvo lunar un mensaje de esperanza para el futuro.

 

Referencias bibliográficas.

https://www.encyclopedia.com/science/encyclopedias-almanacs-transcripts-and-maps/eugene-cernanq

https://www.windowstotheuniverse.org/people/astronauts/cernan.html&edu=elem&lang=sp&dev=

https://gl.wikipedia.org/wiki/Gene_Cernan