Cometas       

 

Desde los tiempos más remotos de la humanidad, se ha dado el nombre de cometas a los cuerpos celestes que al acercarse al Sol, generan una larga cola que se asemeja a una cabellera. La palabra cometas proviene del griego kometes, que significa cabellera suelta.

 

La magnificencia de su aspecto y la forma tan  misteriosa de su aparición y desaparición en el cielo contribuyeron con los mitos sobre su influencia. 

 

Grabado español del cometa de Moctezuma II, en 1517. Tomado de Cosmos de Carl Sagan. 

 

 

Esta circunstancia trajo como consecuencia que casi todos los pueblos antiguos, le asignasen a los cometas propiedades maléficas. Los anales chinos poseen los registros más antiguos que se tenga conocimiento. Gracias a ellos se tiene el registro del paso del cometa Halley, en el 240 aC.

 

Descripción de cometas en registros chinos 

 

Grandes derrotas de reyes (y victorias de otros) fueron vinculados al paso de cometas por el cielo.

 

Para la cultura occidental, el origen de la mala fama de los cometas surgió en la Roma imperial. Existen registros históricos que a la muerte de Julio Cesar, emperador de Roma, a manos de senadores en Marzo del 44 aC, Octavio invocó la aparición de un cometa brillante, en Julio de ese mismo año, como el alma de Julio (Sidus Julium). Inmediatamente, el senado lo declaró dios y acuño una moneda en su honor. 

 

Moneda Diuus Iulius 

 

Con la experiencia de Julio Cesar y la vinculación de la muerte del emperador Claudio, convenientemente envenenado por su esposa Agripina, con el paso del cometa del 54 dC, los romanos tejieron un nexo entre la fatalidad y la aparición de cometas, circunstancia que fue transmitida culturalmente por el mundo occidental. 

 

De manera curiosa, esa creencia fue tomada por casi todos los pueblos de la antigüedad, tuviesen o no, vinculación con la cultura romana. 

 

La aparición del cometa Halley en Abril del 1066, una de las mejores en la historia, fue declarada nociva para los ingleses, dada su derrota a manos del rey normando William el Conquistador.

 

Una historia vincula la creencia del emperador de los aztecas, Montezuma II al retorno de Quetzalcoatl, por la aparición de un gran cometa en 1517. Quetzalcoatl fue un héroe de los toltecas, convertido en dios de la sabiduría, por los aztecas.

 

Dos años después de esa aparición, en 1519, los españoles al mando de Hernán Cortés, llegaron a las costas de imperio azteca y Montezuma pensó que se trataba de la profecía del retorno de Quetzalcoatl.

 

Séneca (4 aC – 65 dC) ya había postulado que los cometas eran cuerpos celestes autónomos, contrariando lo establecido para ese entonces por la concepción del mundo de Aristóteles (384–322 aC), reforzada posteriormente por Ptolomeo (85–165 dC), que eran vapores y exhalaciones de la atmósfera terrestre. En el año 1531, Peter Apian registró que la cola del cometa se encontraba apuntando siempre en dirección contraria a la posición del Sol. Este registro se considera el inicio de la observación científica de cometas. No fue sino hasta el año 1577, cuando Tycho Brahe logró medir la distancia a un cometa, determinando que se trataba de un cuerpo externo a la Tierra.