Hipótesis de marea de
Jeans - Jeffreys
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En 1918, los científicos británicos James Jeans (1877-1946) y Harold Jeffreys (1891-1989) propusieron lo que se conoce como la hipótesis de la marea. Plantearon esta hipótesis para subsanar el problema que tenían las hipótesis nebulares debido al momento angular del Sistema Solar: nuestro Sol gira demasiado lento, por lo que el momento angular fundamental se encuentra en los planetas, a pesar de disponer de menos del 2% de la masa del sistema.
En ella sugieren que el Sol, en su paso cercano a una estrella de menor tamaño y densidad, produce un desprendimiento de masa en forma de filamento, que posteriormente la confina debido a su inestabilidad gravitatoria y que al enfriarse, inicia el proceso de condensación para constituir los planetas. Jeans sostiene que las condensaciones de materia, especie de protoplanetas, se mantendrán en órbita en torno al Sol.
La elegancia del tratamiento de la hipótesis, hizo que tuviera una buena aceptación, pero pronto, la intervención de otros astrónomos hizo que la misma comenzara a debilitarse.
Jeffreys criticó la hipótesis planetesimal aduciendo que tanto la ocurrencia de colisiones, como las velocidades asociadas a las mismas, harían de este proceso demasiado lento. Hacia 1929, el mismo Jeffreys le encuentra algunas debilidades a su modelo.
La primera dificultad que encuentra este modelo se centra en explicar las rotaciones de los planetas, al igual que la existencia y movimientos de los satélites naturales en el Sistema Solar. El astrónomo estadounidense Henry Russell en 1935, criticó el modelo, argumentando que no logró resolver el problema del momento angular con los planetas exteriores. Su trabajo demostró que el material expelido por el Sol no podría ingresar en su órbita más allá de 4 veces su radio. Otras críticas surgieron por parte de Lyman Spitzer (1939) al no poder conciliar las temperaturas teóricas que deberían tener los planetas, con las obtenidas por medios experimentales.
En 1918, el ingeniero y escritor francés Emile Belot (1857-1944), en su libro “l’origine des formes de la terre et des planets” elabora su hipótesis en donde considera la interacción de dos nebulosas que desencadenaron los torbellinos que condujeron a la formación del protosol.
En 1930, el geofísico holandés Hendrik Berlage (1896-1968) desarrolló su hipótesis a partir de un Sol pre-existente. Debido a la presión de la radiación, los átomos se cargan eléctricamente (se ionizan) y forman espirales de materia que posteriormente van a constituir anillos en torno a la masa central.