Mercurio     

 

ASPECTO EXTERIOR DEL PLANETA.

A primera vista, muchas personas confunden las fotografías del planeta Mercurio con las de la Luna. La superficie tachonada de cráteres los relaciona inmediatamente con las imágenes conocidas, desde hace años, de nuestro satélite natural. Sólo el observador experimentado logra establecer rápidamente las diferencias: la ausencia de "grandes mares" en Mercurio (las grandes extensiones de polvo de color gris oscuro) son la clave para diferenciar ambos cuerpos del Sistema Solar.

 

La parte conocida de Mercurio constituye un mosaico de 550 fotografias (un 45% de la superficie total del planeta, gracias al trabajo de la sonda espacial Mariner 10, que arribó a las cercanías del planeta en 1974) revela un mundo intensamente bombardeado en las etapas iniciales del Sistema Solar, entre 4.000 y 4.600 millones de años.

 

En la superficie del planeta, los accidentes más importantes que se observan son: cráteres, llanuras, terrazas y fracturas.

 

En los cráteres, encontramos de tres tipos:

 

Los pequeños: menores de 10 km de diámetro, en donde existe una amplia gama, desde irreconocibles hasta muy pronunciados con bordes escarpados.

 

Los grandes: Los cuales pueden tener uno o dos picos en su centro. Algunos se encuentran muy degradados, con gran cantidad de material en su fondo, producto de procesos de erosión y fractura.

 

Los muy grandes: llamados también Cuencas. Tienen más de 200 km de diámetro y a menudo sus bordes se encuentran rodeados por anillos concentricos.  

Arcos en Caloris Planitia

 

Entre las llanuras, similares a los "mares lunares", se encuentran dos tipos: 

Llanuras antiguas: llamadas también llanuras intercratéridas, de origen no volcánico. Se piensa que constituyen la costra originaria del planeta.

 

Llanuras jóvenes: llamadas también llanuras lisas, las cuales se encuentran en los alrededores de los cráteres de impacto.

Las terrazas y fracturas se encuentran asociadas a procesos de compresión del planeta. La orientación de muchas de las fracturas hacen inferir que el planeta se contrajo, después de su enfriamiento. Durante el proceso de compresión debe haber ocurrido un fenómeno de vulcanismo extensivo, que produjo un relleno de los accidentes antiguos en el planeta.

Rejuvenecimiento de la superficie de Mercurio, por procesos de vulcanismo.

 

Las terrazas y fracturas llegan a alcanzar varios cientos de kilómetros de largo y hasta tres kilómetros de profundidad.

 

Gracias al trabajo adelantado por la sonda Mariner 10, la Unión Astronómica Internacional (IAU) produjo un mapa parcial de la superficie del planeta. 

 

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Para la asignación de los nombres de los accidentes más importantes de la superficie de Mercurio, la IAU tomó la decisión de que fueran personajes de cultura universal. De aquí que nos encontremos cráteres que tienen los nombres de Beethoven, Chopin, Shakespeare, Goya, Tolstoi, entre otros.

 

El mapa que reproducimos aquí, corresponde al elaborado por Antonin Rukl, en su libro Astronomía guía del aficionado.

Para expandir la imagen, haz click sobre ella.  

 

En una superficie llena de cráteres resalta la Caloris Planitia (Planicie del Calor), de 1.300 Kilómetros de diámetro, que fue causada por el impacto de un asteroide con tamaño poco menor que Venezuela y que provocó un grupo de montañas de unos 1.600 metros de altura en el otro extremo del planeta, producto de la interferencia de las ondas sísmicas superficiales.

 

 

Estudios realizados a mediados del año 2001 con el radiotelescopio de Arecibo, Puerto Rico, permitieron descubrir un cráter de reciente formación, cerca del Ecuador del planeta. 

 

El cráter posee  una extensión de 85 kilómetros, pero sus rayos (materia expelida) alcanzan hasta 900 kilómetros sobre la superficie del planeta. Se calcula que este cráter tiene una edad de 109 millones de años, siendo uno de los más jóvenes en el Sistema Solar.