Meteoros         

 

Se conoce con el nombre de meteoro, al trazo luminoso que deja una partícula de polvo interestelar cuando es incinerada por la fricción de la atmósfera terrestre. 

 

El meteoro también es conocido con el nombre popular de “estrella fugaz” ya que, anteriormente, se creía que las estrellas que se precipitaban hacia la Tierra.

 

Al igual que muchos eventos astronómicos, en la antigüedad se pensaba que los meteoros eran sucesos de la atmósfera terrestre. 

 

No fue sino hasta 1798, cuando H. Brandes y J. Benzenberg, demostraron la naturaleza extraterrestre de la partícula (meteoroide) que produce los meteoros.

 

A pesar de este descubrimiento, Alejandro de Humboldt, cuando observa desde la ciudad de Cumaná, en la Capitanía General de Venezuela, una lluvia de meteoros, el 12 de Noviembre de 1799, desconoce la naturaleza de los mismos. Hoy sabemos que se trataba de la lluvia de las Leónidas y lo que observó fue una verdadera tormenta de meteoros, ya que llegó a contabilizar más de 3.000 meteoros durante toda la noche.

 

Dada la extremada lentitud en la divulgación científica en los inicios del siglo XIX, Humboldt, cuando escribe y publica su obra Kosmos, en 1845, todavía desconocía el origen de los meteoros.  

Las temperaturas que se desarrollan durante la caída de la partícula a través de la atmósfera terrestre, se encuentran comprendidas entre los 3.000 y los 7.000 °C, suficientes para evaporar totalmente aquellas que poseen pequeños tamaños. Las que no logran consumirse integramente y llegan a impactar a la superficie de la Tierra, reciben el nombre de Meteorito.

Fotografía de un meteoro de la lluvia “Leónidas” capturado en gel.

 

El meteoro puede ocurrir eventualmente o venir acompañado de otros. Cuando ocurre de manera eventual se dice que el meteoro es Esporádico. Cuando viene asociado a otros, se identifica como lluvia de meteoros.

 

Para que el meteoro sea observable a simple vista, se estima debe tener un tamaño mayor o igual a 1 milimetro y un peso superior a 2 miligramos. Los trazos meteóricos producidos por partículas más pequeñas, sólo pueden ser observados con binoculares o telescopios.

Cuando el trazo meteórico es muy luminoso, recibe el nombre de Bólido. El ingreso de un bólido en la atmósfera puede venir acompañado por un zumbido o fragmentación. Cuando el ingreso de un bólido viene asociado a un sónido, se estima que la incandescencia se produjo entre los 20 y 30 kilómetros de altura. Cuando el bólido es un evento silencioso, su altura es, por término medio, de unos 60 kilómetros.

 

La fragmentación de la partícula puede ocurrir en explosiones sucesivas o en una fragmentación con cambio de trayectoria. Cuando la fragmentación ocurre a baja altura, la misma puede venir acompañada de una o varias explosiones.

 

Explosiones sucesivas en un bólido. 

Cuando la distribución de materia en el conducto se encuentra muy extendida, el punto de donde parecen surgir los meteoros, se desplaza con el correr de los días. Ese fenómeno se conoce con el nombre de Deriva del Radiante y ocurre para casi todas las lluvias. Un trabajo observacional que realiza el aficionado a la astronomía, es medir este desplazamiento mientras la lluvia se encuentra activa.

  

Un meteoro que no pueda ser asociado a un Radiante conocido y que la densidad de caída no permita asociarlo a un nuevo Radiante, recibe el nombre de Esporádico.

   

La cantidad de meteoros que se observarían en una hora, con condiciones ideales de observación, recibe el nombre de Tasa Horaria Zenital (THZ).

 

 Leónidas del 2002. Foto de J. casado, España.

 

La cantidad de meteoros que se observan depende de la oscuridad del cielo, nubosidad y la altura a la que se encuentra el Radiante sobre el horizonte. De aquí que existan factores de corrección que nos permiten inferir la Tasa Horaria de una lluvia, dependiendo de la cantidad de meteoros observados y las condiciones existentes.

 

Una explicación detallada de los factores de corrección se encuentra en la sección de manuales en esta página. 

 

Las velocidades de los meteoros varían entre 12 y 72 Kms/s. La velocidad que necesita un cuerpo para abandonar el Sistema Solar, conocida como Velocidad de Escape, es de 42 kms/s. Cómo la velocidad promedio de traslación de la Tierra es de 30 Kms/s, la velocidad máxima que puede adquirir un meteoro, es la velocidad combinada, 72 Kms/s. Un meteoro que supere esta velocidad, es de origen esporádico y extra sistema solar.